Cómo Huey Lewis salvó (emocionalmente) mi vida

Soy de esas personas que  cree en el gran poder sanador que tiene la música.

De las siete Bellas Artes, la música es la que apela inmediatamente a las emociones. Una pieza musical puede hacerte sentir triste, alegre, nostálgico, agresivo, romántico, reflexivo, temeroso, feliz, agradecido. Y tal vez todas esas emociones se puedan experimentar en una sola pieza.

Fue así como después del divorcio de mis padres, a fines de los años 70 y cuando tenía 12 años, la música se convirtió en mi compañera inseparable durante los momentos más importantes o significativos de mi vida, especialmente durante mi adolescencia.

Tengo un gusto musical bastante ecléctico gracias a mi familia, pues en casa escuchábamos desde Beethoven hasta Elvis, de Glenn Miller a The Beatles o de Agustín Lara a José José. Esa era la música que escuchaba cuando niño, pero después de 1980 comencé mi propia búsqueda de artistas con los cuales identificarme.

Viviendo en México, a principios de los años 80, la única forma de escuchar música era a través de la radio, intercambiando discos de vinilo o cassettes con los amigos o visitando a quien tenía sistema de cable para que pudiéramos ver MTV, antes de que la moda de los videos llegara a la televisión abierta.

Así fue como descubrí a Huey Lewis and The News.

En 1983, cuando ya tenía 16 años, solía escuchar a los artistas que la radio tenía en rotación completa en ese  entonces: Sheena Easton, Christopher Cross, Eagles, Creedence Clearwater Revival, Olivia Newton-John, The Alan Parsons Project, Rick Springfield y otros.

Entre ellos había una banda de la que no sabía el nombre, y cuyo líder cantaba sobre el corazón del rock and roll. Pero no sabía mucho más sobre ellos… hasta que mi mejor amigo en ese momento me prestó el cassette de un álbum llamado Sports. Y eso cambió mi vida de muchas maneras.

Siendo yo un romántico empedernido, cuando escuché las armonías vocales, el sonido inspirado en los 50 y la melodía de If This Is It, todo cambió. Esa fue la canción con la que me enamoré de la banda.

A partir de ahí, Huey Lewis and The News se convirtió en mi grupo de rock favorito (siempre he odiado esa etiqueta de “Bar Band” que le han puesto), la que ha estado conmigo en los momentos más importantes de mi vida, los buenos y los malos. Sports fue mi álbum favorito del año, incluso por encima del Thriller de Michael Jackson. Y, por supuesto, quería saber todo lo que pudiera sobre la banda, su cantante y más.

En esa época solía ​​ver sus videos a través de Video Rock, un programa de TV diario al estilo MTV que era conducido  por la encantadora Elsa Saavedra, quien daba información sobre los artistas del momento, y los escuchaba a través de Radio Hits (97.7 FM), una de las más famosas estaciones de radio en la Ciudad de México del momento.

Pero, ¿qué fue lo que me gustó tanto de esta banda? Tal vez fue la voz y la sensacional armónica de Huey, el evocador sonido del teclado de Sean Hopper, el ritmo de la batería de Bill Gibson, la actitud de chico malo y rebelde de Mario Cipollina y su bajo, el gran saxo de Johnny Colla o la excelente guitarra de Chris Hayes. O tal vez fue su influencia blue eyed soul, el sonido alegre, divertido y optimista del rock pop que esos seis chicos le dieron al mundo. Tal vez fue todo eso. Lo único que sé con claridad es que Huey Lewis and The News tienen el efecto de hacerme feliz. Siempre.

A partir de entonces compré sus discos en el antiguo y fiel formato de LP (algunos importados, y cuando el CD se convirtió en el nuevo estándar, mi primero fue su álbum debut, Huey Lewis and The News), y cada nueva grabación de ellos se convirtió en todo un evento para mí que buscaba afanosamente, incluso el bastante difícil de encontrar en México, Four Chords and Several Years Ago.

Desde entonces Huey, la banda y su música me han salvado la vida muchas veces, emocionalmente hablando. Canté, bailé y me enamoré, pensé en amores platónicos e imaginé una vida mejor a través de su música. Canciones como Do You Believe in Love?, Stuck With You, Doing It All For My Baby, Forest For The Trees, World To Me, We Should Be Making Love o Til The Day After me acompañaron en diferentes etapas de mi vida emocional y romántica.

Mención especial merece The Power Of Love, no solo por ser el tema principal de una de las mejores películas de los 80 (Back To The Future), nominado al Oscar (que quién sabe como diablos perdió ante Say You, Say Me de Lionel Richie), sino porque se convirtió en un tema que siempre, siempre me inspira desde entonces y hasta la fecha.

Por supuesto, no puedo dejar fuera de la ecuación rolas ahora clásicas como Working For A Livin’, Heart and Soul, I Want A New Drug, Hip To Be Square, Never Walk Alone, Old Antone’s, Best of Me, It Hit Me Like a Hammer, Build Me Up, 100 Years From Now y muchas más.

Nunca tuve la oportunidad de verlos en concierto, pues nunca pude coincidir estar cerca de alguno de sus shows cuando viajaba constantemente a Estados Unidos, y nunca visitaron México. De hecho, hace muchos años Huey solía responder preguntas de los fanáticos en su sitio oficial, y le pregunté por qué nunca se presentaron en mi país. Su respuesta fue: “¡Porque a nunca nos han invitado a ir! ” (¡Qué vergüenza, Ocesa!), pero su música se ha convertido en parte de mi ADN.

La vida continuó, con sus altas y sus bajas. Me casé, viajé por el mundo, me convertí en papá, perdí a mi padre y tuve éxitos y fracasos, pero nunca he olvidado  a Huey y su banda. Actualmente, el lanzamiento de su más reciente (y muy probablemente último) álbum Weather (y especialmente la canción
I Am There For You) me recuerda por qué amo a la banda que, nuevamente, me salva la vida en un momento complicado.

Por esas y muchas otras razones, espero que este texto sirva como un sincero agradecimiento a mi banda favorita, a esa que pese a todo, mantiene latiendo el corazón del rock and roll.