Lo que aprendí de la muerte de mi hermano

Mauro, mi hermano menor, se fue un viernes por la tarde. Contra toda lógica y sin que pudiéramos siquiera imaginarlo, su cuerpo decidió que hasta ahí llegaría y en unos cuantos días esa brillante luz se apagó, dejándonos un hueco enorme en el alma y el corazón. Tenía apenas 43 años y un montón de sueños por delante.

Con el paso de los días he comprendido que Mauro además de ser mi hermano, también era mi mejor amigo y -junto con mi hermana- fue con quien jugué, reí, compartí, peleé y perdoné desde que tengo memoria. Juntos éramos guardianes solidarios de todos los recuerdos de nuestra niñez, y vivimos, hablamos y compartimos cada detalle de nuestras vidas, porque simplemente no había a nadie a quien le quisiera contar cualquier cosa antes que a él.

Por definición mi hermano no solo representa todo lo que hay en mi pasado, sino que además se suponía que sería el cómplice que me acompañara más lejos que nadie en la vida y no había porqué siquiera imaginar un futuro sin él. Esa ha sido una de las cosas más difíciles de superar.

La muerte llega cuando menos lo esperamos y aunque deja siempre mucho dolor, también nos trae aprendizajes. Quiero compartir los míos, obtenidos a partir de mi experiencia y de lecturas que han llegado a mis manos, para así poder aligerarle el camino a quien desafortunadamente también tenga que recorrerlo.

No hay explicación y nunca la habrá

Este fue probablemente el mejor consejo que recibí: “no trates de entenderlo porque simplemente no lo vas a lograr”. Y es que cuando las cosas se salen de lo que es “normal” en la vida, se vuelve muy doloroso; la mayoría de nosotros podemos estar listos para dejar ir a un padre o a un abuelo, pero nada te prepara para perder a un hermano y menos cuando es menor que tú.

Así que no te tortures buscando una explicación o tratando de encontrarle lógica porque no la hay, y por duro que parezca, solo acepta que es algo que sucedió, como suceden cosas todos los días en nuestras vidas.

Cada quien vive el duelo a su manera

Dicen los que saben, que el duelo es un proceso con etapas muy claras y marcadas, y que una vez que las superes todo volverá a la normalidad. Incluso en su afán de ser empáticos, muchos te dirán que estás en la etapa X y que después sigue Y o Z, y que solo es cuestión de darle tiempo al tiempo.

La verdad es que no siempre es así: el duelo es una montaña rusa de emociones que van, vienen, suceden al mismo tiempo, se encuentran y hasta chocan de frente. Y mientras tú te sientes triste, alguien más reaccionará enojado, apático, desesperado o hasta optimista. Y no hay nada de malo en ninguno de ellos, cada cabeza es un mundo, cada quién asimila los momentos de distinto modo y de acuerdo a su personalidad. Vive tu proceso como el corazón te dicte y no te desesperes si los demás lo hacen distinto a ti.

Llorar sin parar está bien… y enojarse también

Llora. Llora todo lo que puedas. Llora hasta que se te sequen los ojos y entonces llora otro poco, porque las lágrimas son lo más natural e instintivo que tenemos en momentos como estos. Y porque además es muy, muy necesario; tal vez algunas de las cosas que más escucharás son: “no te aguantes”, “tienes que sacarlo”, “no te lo guardes”, y no hay nada más cierto que eso.

Pero también habrá momentos en los que sentirás mucha rabia, mucho enojo, y también se vale expresarlo y dejarlo salir. Porque no pudiste hacer nada para evitar que sucediera, porque no pudiste decir adiós, porque lo vas a extrañar el resto de tu vida. Porque encabrona y llena de frustración.

Enójate, pégale a una pared, grita contra la almohada. Déjalo salir. Tal vez eso no cambie lo que pasó, pero tu corazón se sentirá un poco más aliviado.
Llora porque puedes. Llora, porque duele.

Eres parte de una familia

Con una cabeza fría, con ayuda en la toma de decisiones, con apoyo en la logística diaria, con dinero, con tiempo, o simplemente con dejarlo todo y correr a abrazarte, tu familia, o al menos gran parte de ella, probablemente va a estar ahí para ti. No puedo asegurar que así será en todos los casos porque cada familia es un mundo, pero si tienes la suerte de contar con una como la mía, aprovéchala, agradécele y déjate apoyar por ella. Seguro tendrás algunas decepciones, pero también te vas a llevar grandes y gratas sorpresas.

El dolor puede convertirte en mejor persona

No sé si es bueno o malo, pero si algo tengo muy claro es que ya no soy la misma persona que era hace algunos meses. El tiempo, algo de lectura, una reconfortante terapia y muchas noches sin dormir me han ayudado a procesar y entender que he cambiado, y la pérdida de Mauro me ha dado una nueva perspectiva sobre la vida, las relaciones y las cosas que verdaderamente importan. He aprendido a valorar lo que antes me parecía simple y a apreciar todo aquello que normalmente damos por sentado.

Si algo me queda claro es que, aunque se haya ido, la persona que amas seguirá siendo el maestro de vida del que seguirás aprendiendo durante mucho tiempo.

Se vale ser egoísta

¿No quieres ver a nadie? ¿Prefieres ignorar las llamadas y los mensajes en el celular? ¿No quieres saber nada del trabajo, de los bancos o de los trámites que tenías pendientes? ¿Quieres mandarlo todo a la mierda por unos días? Hazlo. Alguien más va a estar ahí para ayudarte en lo que se necesite. Hazlo: delega, enfócate en ti y en lo que sientes; que te importe poco lo que piensen o digan los demás. Si te sientes abrumado por la gente, solo rodéate de tu familia y tu círculo de confianza, y deja que el mundo siga girando mientras tú te ocupas de ti mismo. Y cuando estés listo, regresa.

Pedir ayuda está bien

Estás pasando por un momento muy duro, probablemente uno de los más tristes y difíciles de tu vida. No te hagas el valiente, es muy difícil hacer esto solo y necesitas ayuda; pídela y acéptala. Recibirla también es una forma de aceptar que algo muy fuerte acaba de cambiar tu vida, así que suéltate, baja la guardia y déjate apapachar. El duelo no es malo, no es una enfermedad ni algo que tiene que “arreglarse”, por el contrario, es parte de lo que nos hace humanos.

Deja de postergar: eso que llevas planeando hacer algún día, hazlo ahora

Unos meses antes de irse, mi hermano hizo un viaje increíble a Europa con su novia. Por circunstancias de la vida era la primera vez que cruzaba el Atlántico, pero recuerdo que cuando le cuestioné si no era mejor dar prioridad a otras cosas me dijo: “es algo que quiero hacer desde hace muchos años y no sé cuándo volveré a tener chance”. La sonrisa en sus fotos lo justifica todo.

Así vamos muchas veces por la vida, llenos de dudas y de “esto lo dejo para después”. Pero si algo me enseñó esta experiencia es que nada nos asegura que viviremos más allá de mañana, de un año o de diez; si tienes algo que te apasiona, no esperes a que sea el momento ideal y solo hazlo: abre esa botella especial de vino, tírate del paracaídas, atiende ese pendiente de salud, tatúate y planea el viaje que tanto sueñas.

Deja de ver cómo los años pasan mientras haces algo que no te gusta. No tienes que desperdiciar tu vida esperando el momento perfecto, porque no existe el momento perfecto, existe solo hoy y está ahí para que lo aproveches.

La música tiene un poder increíble

Durante los días que mi hermano estuvo en el hospital, algo me hacía contenerme y no podía llorar, al menos no como hubiera querido hacerlo; fue una tarde que fui a casa a descansar, que decidí poner un poco de música para distraerme mientras me bañaba, y sin darme cuenta, mientras sonaba el coro de “Alive and Kicking” de Simple Minds, comencé a cantar a todo pulmón y a llorar con todas mis fuerzas bajo el chorro de agua y no paré hasta agotarme.

Fue así que decidí crear una playlist con gran parte de la música que a Mauro le gustaba, la que compartimos a lo largo de la vida y por supuesto, las canciones que marcaron nuestra vida juntos. Y junto con mi familia acordamos que en su funeral, en lugar de silencio y llanto, pasaríamos el día escuchando todas sus canciones mientras lo despedíamos.

Antes de darle el último adiós, prácticamente todos los presentes nos reunimos alrededor de él y abrazados le cantamos su adorada “Wish You Were Here” de Pink Floyd, seguida de “My Way” de Frank Sinatra.
Por supuesto que eso no solo fue un funeral, sino una manera maravillosa de celebrar su vida, porque ese es el poder que tiene la música.

El cariño llega de donde menos lo esperas

La familia que casi nunca ves, los amigos a los que solo saludas de vez en cuando en Facebook o esas personas con las que creías que jamás volverías a hablar, te van a sorprender. Te van a acompañar, a abrazar, a decir palabras increíbles y especialmente te van a ayudar a recuperar un poquito de la esperanza que necesitas en momentos como este. Aprovecha y recupera a la gente que vale la pena.

Prever es una gran idea

Una vez que la cabeza se enfría y la vida va recuperando su ritmo, toca hacerse cargo de todos los pendientes de quien ya no está, y vivir en un mundo digitalizado no hace fácil esa tarea. Antes, cuando alguien moría, era relativamente sencillo encontrar sus papeles en un archivero, un cajón o en el peor de los casos, una caja fuerte. Hoy no es así: la mayoría de nuestra información está en nuestras computadoras, smartphones, correos electrónicos o en la nube, y todo está protegido por NIPs, passwords y un montón de candados digitales que -afortunadamente- suelen ser difíciles de romper, especialmente si no hay nadie que sepa dónde buscarlos.

En nuestro caso fue una tarea muy difícil armar ese rompecabezas y tristemente tuvimos que dejar perder algunos recuerdos e información a la que fue imposible acceder. Por eso creo que una gran recomendación es que todos tengamos al menos a una persona de nuestra entera confianza, a quien podamos decirle en dónde encontrar nuestra información en caso de que algo nos ocurra, cómo poder acceder a ella e incluso dejar preparada una pequeña guía de todo lo que se debe hacer en ese caso. Quienes se quedan sin duda lo van a agradecer.

Seguir tu vida te puede hacer sentir culpable

Los seres humanos somos complejos y frágiles, y es muy probable que mientras procesas tu pérdida un sentimiento de culpabilidad invada tu mente con preguntas como “¿qué derecho tengo a seguir si ya no está?”, “¿por qué él y no yo?” o “¿qué sentido tiene seguir viviendo sin él/ella?”

Sentirse así es simplemente parte del proceso de una pérdida y te prometo que poco a poco irá pasando. Si crees necesario hablar con un terapeuta (de preferencia un tanatólogo) no lo dudes y hazlo; te ayudará a entender las etapas de lo que estás viviendo y a que tu inteligencia emocional se enfoque en lo que verdaderamente importa, que es sanar tu mente y tu corazón.

Todo puede cambiar en un minuto

La vida es hermosa y emocionante, pero la pérdida de un ser querido nos recuerda que también es corta y que todo puede cambiar en un segundo. De todos mis aprendizajes, el más grande e importante fue haber decidido cambiar la manera en la que vivo mi vida y tratar de aprovechar al máximo cada segundo de ella. El tiempo es limitado, no lo desperdicies en disgustos y en lugar de eso busca tiempo para estar con la gente que realmente importa y dile cuánto la amas cada vez que puedas.

Nada, nunca, volverá a ser igual

Tras la partida de Mauro alguien me dijo “no es el porqué, sino el para qué” y aprendí que cuando alguien muere siempre deja en sus seres queridos un vacío con el que cada quien tiene que lidiar de una u otra forma. Hay quienes encuentran paz en la religión, hay quienes lo trabajan en terapia o hay quienes lo bloquean hasta que empieza a salir por lugares insospechados.

Yo he ido encontrando la paz al entender que mi hermano vive en mí, en la forma que moldeó mi vida y la de todas las personas que lo conocieron. Y su trascendencia está en la influencia que dejó en mí y en lo que yo hago para que esa influencia se mantenga viva incluso después de que yo muera. Y así, lo que yo pensaba que era un vacío, en realidad está lleno de vida.

Claro, hay días que el dolor y la nostalgia llegan de pronto y pegan muy fuerte porque sé que sin él nada, nunca, volverá a ser igual. Es en momentos como esos cuando agradezco todos los años que estuvimos juntos, agradezco la última vez que lo vi y pasamos un día increíble haciendo lo que nos dio la gana, agradezco que siempre haya sido mi cómplice, mi lado fuerte y mi mejor amigo. Pero sobre todo le agradezco que a pesar del dolor y la tristeza, con su muerte también me haya enseñado tanto sobre la vida.

Gracias por tanto, bro.
How I wish you were here.