‌El regreso de Ozzy, ¿o su despedida?

P‌or Diego López Lira

Ozzy Osbourne está de regreso con su nuevo álbum Ordinary Man, con el que retoma su carrera solista tras de 10 largos años y después de su reencuentro con Black Sabbath en 2015, cuando dio cierre a la exitosa carrera de su banda original con una gira mundial que duró dos años y que culminó en el lugar que los vio nacer, Birmingham, Inglaterra, con un concierto el 4 de febrero de 2017.‌‌

Ozzy no ha gozado últimamente de buena salud. El año pasado tuvo que cancelar varias fechas de su gira No More Tours 2. Primero por una neumonía que le hizo cancelar parte de sus fechas en Europa y después por una fuerte caída que sufrió en su casa.

Lo más serio fue que apenas hace un par de semanas reveló al mundo que sufre el mal de Parkinson y que este le fue diagnosticado desde 2003. ‌‌Todo esto hace inevitable pensar que el retiro definitivo de The Great Ozz es algo más que posible y  que por lo mismo hace mucho más relevante su recién lanzado álbum. ‌

Ordinary Man es el álbum número 12 de su carrera en solitario y es producido por Andrew Watt, quien ha trabajado con Cardi B y Post Malone. En él participan también legendarios músicos como Chad Smith (Red Hot Chilli Peppers) en la batería, Slash en la guitarra líder y Duff McKagan en el bajo (Guns n’ Roses), Tom Morello (Rage Against the Machine / Audioslave) también en la guitarra líder y el mismo Watt en la guitarra rítmica.‌‌

El disco abre con ‘Straight to Hell’, un poderoso track con un riff de guitarra muy al estilo de Tony Iommi y una cadencia que inmediatamente nos hace recordar a Black Sabbath y las primeras palabras de Ozzy, “All right now” , nos remiten intencionalmente al clásico ‘Sweet Leaf’ de Sabbath. Slash acompaña a Ozzy en este tema y nos brinda un buen solo de guitarra que resulta muy efectivo.‌‌

‘All My Life’ es el segundo tema, una semi balada más apegada al tradicional estilo solista de Ozzy.  ‘Goodbye’ es un tema que hace la primera referencia al posible retiro del Príncipe de las Tinieblas con una introducción similar al clásico de Black SabbathIron Man‘ y con un sonido muy al estilo de 13, el último disco de los padres del Heavy Metal.‌‌

Ordinary Man‘ es el tema homónimo y en el que Ozzy hace dueto con el gran Elton John, además los acompaña Slash en la guitarra y es sin duda la canción con más presencia en todo el álbum.

‘Under the Graveyard’ es el quinto tema del disco y aunque no es malo, es una balada más que no trasciende. ‘Eat Me’ le precede y es de los temas más pesados del álbum, comienza con el sonido de la armónica de Ozzy que inmediatamente nos hace recordar el tema ‘The Wizard’ de Black Sabbath y un bajo distorsionado al puro estilo de Geezer Butler.‌‌

‘Today is the End’ es el tema más raro y tal vez el mas flojo del álbum, se siente un poco como relleno, pero el siguiente track, ‘Scary Little Green Men’ vuelve a levantar al álbum, con un sonido más actual y en el que destaca la guitarra de Tom Morello.

‌El penúltimo track del álbum es ‘Holy for Tonight’ en el nuevamente toca el tema de la  despedida. En este caso es mucho más explícito y se siente como un profundo agradecimiento de Ozzy hacia sus legiones de fans. Es un tema melancólico pero con fuerza, que recuerda a ‘Goodbye to Romance’ de su clásico álbum Blizzard of Ozz.

‌’It’s a Raid‘ es el tema que oficialmente cierra el álbum y en el que hace dueto con el rapero Post Malone. Tiene un sonido orientado hacia el punk rock con una producción más garage y que no favorece mucho al disco.

Post Malone y Ozzy Osbourne.

Ordinary Man incluye un bonus track para las descargas digitales y su versión en vinilo que se titula ‘Take What You Want’ y es el tema más desafortunado del álbum. De hecho, en realidad es un tema de Malone y Travis Scott, con una colaboración de Ozzy Osbourne y un sonido totalmente ajeno a lo que nos tiene acostumbrados el británico.

En conclusión, es un buen álbum con una producción actual y un buen balance entre temas que recuerdan su paso por Black Sabbath y también a su carrera como solista. Eso sí, se extraña la presencia de Zakk Wylde, su fiel guitarrista que lo acompaña desde 1987 y prácticamente ha sido el responsable del sonido y el estilo de Ozzy por más de treinta años.

‌Si acaso Ordinary Man fuera el canto del cisne de Ozzy Osbourne, podríamos decir que su brillante carrera habrá cerrado con un álbum sólido en el que todavía se escucha una voz fuerte y con una presencia que será siempre legendaria.