Jean Marc Vallée, el director que nos quitó el sueño con Sharp Objects

Considerada ya una de las mejores series de 2018, Sharp Objects de HBO llegó a su fin dejando al público enganchado no solo por sus ocho alucinantes episodios, sino también por el espeluznante final de temporada digno de un filme de horror.

Su director, el canadiense Jean Marc Vallée, quien también estuvo a cargo de Big Little Lies -también de HBO- y de películas como The Young Victoria (2009), Dallas Buyers Club (2013) y Wild (2014), entre muchas otras,  nos cuenta cómo fue dirigir esta gran adaptación al libro de Gillian Flynn, que está disponible en la plataforma HBO GO.

Sharp Objects es como una obra de Tennessee Williams pero con ácido, esteroides y LSD. En cuanto al mundo que Gillian creó y al personaje que Amy interpretó, Camille, yo nunca había leído, ni visto, ni oído, ni encontrado a nadie así. Por eso me asustaba la perspectiva de acompañar a Amy en esto.

Llegué aquí por invitación de Amy; nosotros teníamos un proyecto juntos (sobre Janis Joplin) que no se concretó y luego a ella le llegó esta oferta, me reenvió el guión y me preguntó si quería meterme con ella “en la trinchera”. Nunca había trabajado para televisión antes: ella me lo propuso incluso antes de que comenzara Big Little Lies.

Cuando firmé para participar en Sharp Objects iba a ser mi primera serie de TV y entonces  Reese (Witherspoon) me llamó y… ¿qué podía hacer? Dije que estaba terminando Demolition y que suponía que estaría grabando este próximo año. Y ella dijo: ‘¿El año próximo, entonces? Genial. Tengo algo para ofrecerte’. Le dije a Reese que haría los episodios uno y dos, no podía hacerlo todo. Ella dijo: ‘no, ¡ven y hazlo todo!’ Le contesté que no podía, que había acabado de firmar para filmar ocho episodios para Sharp Objects y entonces comencé con Big Little Lies y ya no pude dejarlo.

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Gillian Flynn, autora de la novela y Jean Marc Vallée, director de la serie ‘Sharp Objects’

“Es como una película: no quieres dejarlo ir y no quieres abandonar a los actores y a sus personajes, ni dejar que los dirija otro director. Big Little Lies se transformó. Era una serie de televisión con un final previsto. Y pensé que si era por un solo año, por siete episodios, podría hacerlo. Y luego para Sharp Objects teníamos otros ocho, bueno, está bien. Pero ¿dos series una tras otra? Es una locura. Es como correr dos maratones; es por eso que estoy agotado. Esto también es como una película. Es un largometraje largo, de ocho horas, que dividimos de a una por semana. Pero cuando ves una tras otra se convierte casi en una película”, explica el realizador.

¿Estás seguro de que podrías verlas una tras otra? La serie es tan perturbadora que no sé si podría.

Lo hice hace mientras posproducíamos, vimos un episodio tras otro con el equipo de edición y quedamos medio alterados. No es algo fácil de ver. Por supuesto, todavía estábamos en una zona creativa en la que queríamos ser creativos y estar concentrados, así que no los vi uno tras otro como si fuera el público, sino con ojos de creativo aún en proceso y viendo cómo podíamos mejorar algunas cosas.

¿Cómo describirías esta serie? Tiene elementos de terror gótico, de thriller…

Tenemos una investigación, un asesinato misterioso… la interrogante de quién diablos les hace esto a las niñas. Y tenemos otro misterio, esta mujer es un misterio. ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué hace esto? ¿Por qué actúa de esta manera? Está logrando grandes cosas. Me encanta la forma en que piensa y habla. El uso de las palabras, tanto para sanar como para hacer daño. Combinar las dos en un mismo proyecto tuvo su dificultad. Este proyecto es peculiar.

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Amy Adams dijo que eres increíble contando historias sobre el dolor de la mujer y que tu manera de relatar el dolor es realmente atractiva. Que pareces dar vueltas pero logras dar en el clavo. Creo que cualquiera que haya visto Big Little Lies lo sabe, y obviamente estás haciendo lo mismo en este caso.

Bueno, yo no soy el creador de estos dos proyectos. Big Little Lies era una novela y luego se convirtió en un proyecto de David Kelley, y Sharp Objects era de Gillian Flynn y luego se convirtió en un proyecto de Marti Noxon y de los otros guionistas. Entiendo lo que quiso decir, pero yo me uno a proyectos que ya tienen un guión, son novelas que ya existen. Sin embargo, no me da miedo trabajar con estas mujeres inteligentes y fuertes. Y es desafiante, por momentos. Tenemos nuestras peleas y nuestras discusiones, pero aprendemos a trabajar juntos, a coincidir y a respetarnos unos a otros. Aunque esta serie fue la más difícil, fue más difícil que Big Little Lies.

¿En qué sentido fue más difícil?

Por el contenido. Me asustaba el proyecto, quería llegar mejor preparado, pero todo el resto del equipo estaba listo. Así que me dije: “bueno, voy a hacerlo, voy a acompañarla y, aunque no estoy tan preparado como quisiera, voy a confiar en el proceso. Tenemos grandes actores, gran material”. Y una vez que empezamos aprendimos a trabajar juntos y encontramos nuestro ritmo. Pero el material todavía daba miedo.

Amy fue muy valiente, muy audaz y enfrentó este desafío; aceptó desnudarse así. Se desnudó literal y metafóricamente. Es difícil para ella y estoy seguro de que estaba tan asustada como yo. Yo nunca había visto a este personaje antes y no lograba identificarme con ella, tenía miedo de no poder ayudarla, guiarla o dirigirla.

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Patricia Clarkson, Eliza Scanlen y Amy Adams.

¿Hubo algo de Camille con lo que te hayas identificado? Amy cree que algunas personas se identificarán mucho con ella.

Sí, mientras leía el libro, quería amar al personaje. Adopté su meta, su misión. Porque había algo en ella; su voz interna fue lo mejor del libro. La forma en que habla de sí misma, esa honestidad y esa valentía con que nos expone su vida sexual y sus problemas. La forma en que habla de su mamá, su familia, su problema con la bebida. Así es que para mí, eso se convirtió en la belleza de toda esa oscuridad. Encontré belleza allí y me agradaba tanto que quería ayudarla. Y luego cuando ella estaba a punto de tomar malas decisiones, quería decirle que no lo hiciera. Pero lo hace igual. Y se la pasa bebiendo.

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La voz interna de Camille es un gran parte del libro. ¿Qué tan difícil fue tratar de darle vida a eso en la pantalla?

Bueno, los guionistas decidieron no recurrir a la voz en off. Me asombró. Cuando leí el libro, me hice una idea. Pero entonces empecé a recibir los guiones y pregunté: “¿qué hicieron con la voz en off? Eso es lo que hace que me guste el libro. Quiero escucharla hablar a ella. La forma en que habla de sí misma y del mundo. ¿Dónde está?” Por supuesto que tomaron lo mejor de sus pensamientos y los presentaron a través de diálogos y de acciones, pero yo sentía que lo que estaban haciendo era suicida. Y entonces encontramos el modo de hacer que el recurso de la narración en off se convirtiera en una narración visual. Entremos en su cabeza, veamos cómo piensa, qué piensa, qué sueña, a qué le teme, sus pesadillas; así, flashes veloces del pasado sin sonido.

¿Dirías que esta es una serie en la que la gente debe prestar atención? ¿Que no permite estar viendo Instagram al mismo tiempo?

Sí. A veces, si parpadeas, o si la ves y estás comiendo, te perderás cosas.

Sé que la música tuvo un papel importante en Big Little Lies y también parece ser el caso en esta serie. También sé que hay una palabra especial para eso, cuando el público oye lo que está oyendo un personaje.

Se llama “diégesis”. Cuando los personajes están escuchando la música ellos mismos es diegético y, cuando no, es extra diegético. Esa es una de las cosas que me divierten, si no la que más me divierte, al sumarme a un proyecto: decidir qué personajes van a ser los vehículos musicales. Con Camille no me fue fáci, ella va conociendo más y más acerca de esa persona a través de su música, a través de su mundo musical. Y está aprendiendo a apreciar esa música.

El marido de Adora también es amante de la música. Es un melómano y toca composiciones románticas clásicas en el piano, música suave, o cantantes de baladas, como Engelbert Humperdinck, o viejas bandas sonoras románticas de Hollywood. En cada proyecto intento ponerle música a sus historias, así son ellos quienes van a tocar y por lo tanto no siento que esté interviniendo con la música. En cierto modo, se siente más transparente. Ellos tocan la música y luego la oímos.

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Lo otro que es muy notable es la clara sensación de lugar. ¿Crees que esta historia se podría haber ambientado en otro lugar?

No, tenía que ser entre el centro-oeste y el sur de Estados Unidos, aunque más cerca del sur, en un lugar cálido y con una cultura sureña. Este lugar es muy único y es muy de Gillian. Ella también es de ahí, así que sabía de lo que hablaba y es por eso que se siente tan real y tan auténtico. Gillian es madre de dos hijos y es muy dulce, pero luego escribe historias como Gone Girl (Perdida) y esta, y te dices… “¡Wow! Quisiera saber más acerca de ella”.

Me pregunto si hay algo de lo que no hable, o sea, ¿cómo se le ocurre? Quisiera creer que es producto de su imaginación, porque esto es demasiado, demasiado extraño y oscuro para ser real. Pero ella es capaz de explorar esa oscuridad y de entrar en esa oscuridad. No le teme a eso como escritora, como artista. Y Amy respondió al material del mismo modo. Pasa con todas estas mujeres; Patricia, Amy, Gillian, Eliza -tienen una especie de fascinación por la oscuridad-. Y les fascina la perspectiva de presentar y ofrecer estas mujeres a un mundo en el que no van a ser bellas. Tampoco van a ser perfectas.

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¿Sientes que estas series llegaron exactamente en el momento indicado, dados los contenidos y los temas?

Ya sé, es de locos la coincidencia, al igual que con Big Little Lies. Quizás podamos atribuir parte del éxito de Big Little Lies al momento en que se hizo. Y aquí tenemos otro proyecto con mujeres fuertes, que no tienen miedo de asumir su diferencia aunque estén en una historia de abuso. Y eso es lo triste, eso es lo desgarrador de todo el proyecto: la historia de abuso entre ellos, de generación en generación. Pero pareciera que el movimiento Me Too contribuyó en cierta medida al éxito de Big Little Lies. O quizás ver a Nicole Kidman en esa situación, interpretando a una mujer abusada, su interpretación desgarradora y su performance hayan contribuido al movimiento.

Entonces cada uno se alimenta del otro, sí, y nos da una excusa para hablar de todo esto que está sucediendo en la vida real.

Lo curioso de esta serie, sin embargo, es que no son los hombres quienes cometen actos de violencia. Es una mujer contra otra.

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Fotos: Cortesía HBO