Elvis: más que un homenaje a la persona, una carta de amor a la leyenda

La historia de la música popular en el Siglo XX -y por ende, la actual- no podría entenderse ni ser la misma sin la figura que lo cambió todo en más de un sentido: Elvis Presley. Tan grande fue su impacto que, a la fecha, se sigue sintiendo y reflejando. «Antes de Elvis, no había nada», dijo John Lennon. «Él fue el primero que lo inició todo. Él me hizo interesarme en la música», sentenció Elton John. Y como esas, cientos de frases hablan acerca de la trascendencia que tuvo para varias generaciones.

La figura de Presley es, a 45 años de su muerte, motivo de todo tipo de artículos, libros, historias y teorías, pero si algo ha perdurado durante todas estas décadas es el título que obtuvo a pulso y por el que será recordado por siempre: El Rey del Rock and Roll. Y es justo ese Rey al que retrata el cineasta australiano Baz Luhrmann en Elvis (2022), la extravagante, energética y exitosa biopic acerca del chico de Tupelo, Mississippi, que cambió la historia para siempre.

Luhrmann, dueño de un estilo visual único, es el responsable de ese sueño húmedo visual y auditivo para la Generación X que es Moulin Rouge! (2001) y que ayudó, en gran parte, al resurgimiento en el Siglo XXI del género musical en la pantalla grande. En Elvis, Luhrmann despliega todo su extravagante (y por momentos, exagerado) arsenal para mostrar la vida de «Elvis La Pelvis» en su muy característico estilo.

La vida de alguien como Elvis Presley no cabe en las poco más de dos horas y media que dura la película, y el ejercicio de Luhrmann en esta ocasión muestra a un cineasta que no ha dejado de ser atrevido, pero también es más moderado, más experimentado. El también responsable de The Great Gatsby (2013) recurre a sus viejos trucos, pero perfeccionados, controlados, para narrar la vida de Presley desde su infancia, juventud, ascenso a la fama mundial y la inevitable decadencia, utilizando para ello a quien fue la figura clave del amanecer y ocaso de Elvis: su representante, el infame Coronel Tom Parker.

Parker (Tom Hanks bajo toneladas de maquillaje y en un papel poco usual para él), sirve como narrador de la historia, un tanto en el estilo de lo que hizo Milos Forman en Amadeus (1984), en la que Antonio Salieri narra la historia de Mozart y expresa un mea culpa por, según él, haberlo matado. En Elvis, Parker asegura lo contrario: que él no mató a Elvis, sino que él hizo a Elvis Presley, que el mundo le debe básicamente de dar las gracias por haber creado el fenómeno que fue El Rey y, en sus palabras, «el show más grande del mundo».

El filme está claramente dividido en tres actos: el primero inicia con la juventud de Elvis (Austin Butler) y su ascenso a la fama tras haber grabado That’s All Right Mama, despertar sexualmente a toda una generación gracias a sus movimientos de cadera y convertirse en «un mal ejemplo para la sociedad» (las secuencias de su primera presentación y donde interpreta Trouble no tienen desperdicio).

El segundo inicia desde que Presley es reclutado por el ejército y enviado a Alemania (donde conoce a la que 9 años después sería su esposa, Priscilla Beaulieau), pasa por las poco memorables películas que hizo (de las cuales una buena cantidad ganó un dineral en taquilla) y termina con el ahora legendario Elvis Comeback Special de 1968, en el que Elvis expresa, por primera vez, algo profundo a través del tema If I Can Dream (la recreación de todo el especial es, quizá, el punto más alto del filme).

El tercero inicia con la que sería la segunda personalidad de Elvis, el «Elvis de Las Vegas», el que se hizo famoso por sus jumpsuits blancos, los excesos, el que nunca salió de gira fuera de EU y el que, a la postre, terminó convirtiéndose en una caricatura de sí mismo, influenciado por Parker. Vistoso -por no decir que caía un poco en lo estrafalario-, pero todavía con un séquito de fans que jamás le dieron la espalda, fue la época del «Elvis baladista», el que poco a poco fue extinguiendo la llama del Elvis-peligro-para-la-sociedad de sus primeros años.

Como historia, y para los fans de Presley, Elvis no contiene nada nuevo o algún detalle poco conocido. Sin embargo, la narrativa visual de Luhrmann la convierte en un deleite. No importa si hay un brinco en el tiempo de 9 años (de 1959 a 1968), que su paso por Hollywood sea simplemente mencionado y no mostrado, o que haga creer que Robert Kennedy fue asesinado el mismo día que grabó el especial de 1968.

La cinta, como tributo, funciona porque su ritmo no decae prácticamente en ningún momento. Las transiciones visuales de Luhrmann están tan bien realizadas (con su característica innovación) que el espectador se mantiene dentro de la historia como si estuviera ahí, sufriendo y gozando con Elvis y, al tiempo, siendo testigo de primera mano de las maquinaciones de Parker para evitar que su oscuro pasado salga a la luz y pierda su mina de oro.

Pero más allá de lo visual (Luhrmann refina el estilo que lo hizo famoso con Moulin Rouge!, evitando ciertos excesos), hay dos elementos que son esenciales para el éxito de Elvis: el diseño sonoro/banda sonora, y Austin Butler. A nivel auditivo, el trabajo en la mezcla de sonido es impresionante, y al juntarse con la atrevida elección del cineasta de incluir números musicales de artistas -y estilos- contemporáneos en ciertas secuencias y/o mezclarlo con las canciones que hicieron famoso a Elvis, el resultado es un coctel sensorial que logra su cometido: presentarle Elvis Presley a las nuevas generaciones (y hacer recordar a los fans por qué es El Rey)

Austin Butler, por su parte, puede que no se parezca tanto físicamente a Elvis, pero logra convertirse en él. La voz de Presley es inimitable, aunque en ciertas secuencias Butler hace un sólido trabajo siendo él quien interpreta fragmentos de canciones. El resultado final, a nivel de voz, es una mezcla entre las de Presley y Butler que, de nuevo, logra el cometido. Butler es muy efectivo dando vida al Elvis de la primera etapa, pero donde luce toda su energía y la historia le permite mostrar mejor su rango, es a partir de la etapa del Elvis de Las Vegas. Las actitudes, la energía y el posterior declive de Presley son recreados estupendamente por Butler, quien carga con el peso de la película desde el primer minuto y saca el trabajo de manera sobresaliente. No sería raro ver su nombre en la conversación de los nominados al Oscar 2023.

Elvis Presley sacudió las «buenas conciencias» de Estados Unidos (y buena parte del mundo) gracias a su gran amor por la música cuyas raíces de blues y jazz lo cautivaron desde la infancia. Elvis, el chico blanco que cantaba -y se movía- como negro, llevó a las masas el espíritu de la cultura musical afroamericana para convertirse no en un icono, sino en una forma de vida.

Fue responsable del despertar sexual de millones de jóvenes y creador de lo que fueron las raíces de la contracultura, el movimiento social que 10-12 años después significara para Elvis convertirse en algo pasado de moda, gracias a la llegada del movimiento hippie, Los Beatles y todo lo que implicó el cambio de mentalidad en la sociedad, y que tuvo su máxima expresión durante la ahora legendaria primavera-verano de 1968.

Elvis fue el Dr. Frankenstein de una criatura que él mismo creó y que terminó arrojándolo a ser visto como una reliquia que buscó, principalmente en Las Vegas, continuar siendo relevante. En el filme, Parker señala como responsable de la muerte de Elvis al amor que este sentía por su público y quizá no estaba tan equivocado. Pero tras bambalinas, el autodenominado Coronel fue la figura que terminó sobreexplotando la imagen de Elvis a como diera lugar. Su matrimonio con Priscilla (la única mujer que en realidad tuvo un impacto emocional en él) terminó, su imagen de deterioró y acabó siendo -en términos actuales- un meme de sí mismo.

Entre Parker y el también infame Dr. George C. Nichopoulos (apenas mencionado en la cinta de Luhrmann) se diluyó aquél joven de Tupelo, el del copete envaselinado y que cambió al mundo. Todo eso muestra Elvis, la película, que más allá de ahondar en la vida de Elvis Aaron Presley, se concentra en presentar al ídolo.

Elvis no es acerca de la persona, sino de la leyenda. Esa es la intención de Luhrmann, la de mostrar a las nuevas generaciones quién fue Elvis Presley. Por ello opta por omitir los últimos dos años en la vida del cantante (de 1975 a 1977) y solamente muestra, al final, como se veía en sus últimos días a través de la presentación en que cantó, todavía con su voz intacta, Unchained Melody. Nada de mostrar el declive físico y moral de Elvis, sus otros amoríos o su estado demencial que lo hacía vivir en paranoia. No. Elvis es acerca de la leyenda, y las leyendas casi no tienen defectos, son eternas. Un muy digno y necesario homenaje a quien fue, ha sido y será por siempre El Rey del Rock and Roll.