En un país que insiste en encasillar y donde la piel aún pesa más que la sonrisa, aprender a criar fuera del molde se convierte en un acto de resistencia y, sobre todo, de amor.
En un país que insiste en encasillar y donde la piel aún pesa más que la sonrisa, aprender a criar fuera del molde se convierte en un acto de resistencia y, sobre todo, de amor.