Panorama Latam. Nuestra clase política: de incoherencia y disfraces alternativos

Por: Dra. Adriana Cubillos García*

Quizás la coherencia no sea una de las cualidades de la clase política Latinoamericana. Podríamos citar cientos de ejemplos para ilustrar esa afirmación, pero quisiera centrarme en dos puntos. Por un lado la facilidad con la que casi todos los partidos se ensañan contra las leyes y reglas del juego electoral, reglas que ellos mismos ayudan a construir. Y por otro, la habilidad camaleónica de muchos que un día proclaman un discurso de derecha, pero se resguardan en partidos de izquierda o muchos “progresistas” que defienden el status quo para no perder sus privilegios.

Vivimos las consecuencias nefastas de un caos de identidad donde los principios políticos no importan, la ideología es maleable como arcilla y se volvió muy fácil armar polémicas y comunicar en mensajes vacíos de 240 caracteres.

Hablemos del escenario electoral. Tras un viraje hacia gobiernos de alternancia, citemos por ejemplo los casos de México, Colombia, Argentina o Chile. El rol de los partidos tradicionales cambió, pasando a ser organizaciones políticas de “oposición” es decir, con fines contrapuestos a aquellos que buscan los grupos que detentan el poder político y reconocidos institucionalmente como autoridades.

Un nuevo rol nada cómodo, y es que una cosa es seguir las reglas cuando se va ganando el juego, y otra muy diferente es sentirse a gusto con ellas cuando se pierde en las urnas.  Los discursos que antes estaban en boca de las minorías, ahora son replicados por “la nueva oposición” en medios tradicionales y redes sociales denunciando fraudes, acoso, falta de garantías, desequilibrio legislativo, corrupción y un largo etc., que lo único que hace es continuar socavando la poca confianza de los ciudadanos en unas instituciones que parecen estar plagadas de vicios y malas prácticas. El cazador pasó a ser la presa.

Los más “astutos” olvidan que existen principios políticos que deberían guiar éticamente su actuar como representantes sociales en las esferas públicas, y saltan de la extrema derecha y el conservadurismo a “ideas” más moderadas que les permiten acomodarse en los gobiernos de turno, se disfrazan de defensores de derechos, hablan de género sin entender muy bien para que sirve eso y proclaman las ventajas del “centro” ese limbo que aman quienes no logran tomar una posición y asumen para evitar conflictos y tener un millón de amigos.

El problema no es solo que la clase política sea incoherente y entre ellos cada vez el debate sea más simplón; el asunto es que su falta de ética, claridad y profesionalismo tiene sobre todos nosotros, sobre la ciudadanía, un efecto supremamente negativo: la desconfianza en las instituciones y en quienes las encarnan; su torpeza termina siendo un tiro en el pie de la democracia, una “justificación” a no “involucrarse en política” a no participar, a creerse el cuento de que lo que les pasa a los demás no tiene un efecto en lo personal, muy a pesar de que vivimos en un mundo de redes que globaliza los problemas así sucedan a cientos de kilómetros de la comodidad de nuestras casas.

Sí, tenemos una clase política en su mayoría incoherente y tramposa. Estamos en medio de un juego macabro de intereses que se decide con tácticas carroñeras de distribución de puestos y presupuestos públicos. Sí, casi todos son iguales. Pero decidir salirse del juego y no involucrarse no nos hace más coherentes que ellos. Otra mala noticia es que nadie va a venir a salvarnos, no hay mesías o fórmulas mágicas, aunque no suene esperanzador solo nos queda el ejercicio responsable de una ciudadanía activa, informada responsablemente y decidida a exigir cuentas a los que manejan nuestro dinero. Un ejercicio ciudadano coherente para combatir la incoherencia y quitar tantas máscaras del escenario político que nos han orillado a pensar que es mejor no involucrarse en política, para vivir mejor.

*Adriana Cubillos García es doctora en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especialista en política pública y miembro del Seminario Permanente de Estudios Chicanos y de Fronteras FLACSO.

Foto: Unsplash.